Macacos en cautividad — Bioprim

Uno de los motivos por los que la experimentación animal no es, y nunca será, un método científico válido, es porque no pueden controlar ni conocer las condiciones del experimento y cómo todos esos factores que desconocen afectan a sus resultados. A pesar de ello, en este tipo de estudios todo esto se ignora constantemente, anulando su fiabilidad y alimentando un negocio tan inútil como cruel.

El siguiente texto ha sido extraído y traducido de esta tésis basada en las experiencias de la autora en Bioprim (centro de cuarentena y distribución de “primates para experimentación” en Francia). En este trabajo se estudia cómo las condiciones de cautiverio afectan física y psicológicamente al desarrollo y desenvolvimiento de los primates no humanos.Las conclusiones extraídas de este trabajo dejan en una situación absurda y de invalidez a la experimentación animal. Estos macacos son los que después se masacran en las pruebas de “investigación” y de toxicología y que intentan vender como necesaria y ética ciencia.

Consecuencias para la vida y el bienestar de los animales


El estrés de la cautividad

El desarrollo del síndrome de estrés es común en cautividad. Las reacciones al estrés son muy variables dependiendo de cada individuo, su educación y experiencias. Ninguna variable de comportamiento es, por sí sola, suficiente para describir la respuesta de un animal al estrés del cautiverio dada la variabilidad de respuestas, entre individuos e incluso en el mismo individuo.
Hay dos razones principales para la respuesta: la respuesta activa de tipo “huir o pelear” y la más pasiva “retirarse o espíritu de conservación”. Esencialmente, el cautiverio induce estrés crónico (cambios bruscos y violentos en su entorno, como la separación y el confinamiento). Los efectos son variables pero son claramente dañinos a largo plazo, con consecuencias de comportamiento, fisiológicas (úlceras gástricas, aterosclerosis en M.fascicularis, etc.) e inmunológicas (inmunodepresión), que a veces resultan fatales. Una de las causas más estresantes del cautiverio es la incapacidad de evitar los estímulos aversivos debido al confinamiento (ruidos demasiado fuertes, presencia de humanos, etc.).


Cambios en el comportamiento natural

Los primates no humanos son especies muy adaptables. En la naturaleza, pasan la mayor parte de su tiempo moviéndose por su territorio, buscando comida, evitando depredadores e interactuando con sus congéneres. En el laboratorio, no pueden darse todas estas actividades. En estas condiciones, intentan adaptarse al cautiverio modificando sus repertorio conductual.

Cambios en el comportamiento alimentario:
A diferencia del entorno natural, la cantidad y calidad de los alimentos son constantes en cautividad. Además, las necesidades energéticas son diferentes y no hay competencia interespecífica, por lo tanto, los animales se esfuerzan mucho menos para conseguir la comida. La desventaja de esto es que, siendo la búsqueda de alimento una de las principales actividades en el medio natural, la reducción de estos comportamientos perjudica “su capacidad de sobrevivir en libertad”, uno de los criterios del bienestar animal. Con esto se corre el riesgo de empobrecer en última instancia el repertorio conductual de la especie. Además, estos cambios se realizan a menudo en beneficio de comportamientos mucho menos beneficiosos para los animales (aumento de la inactividad, agresión, comportamiento anormal). Las preferencias alimentarias también cambian según las necesidades (menos actividad) y la oferta (dieta impuesta más o menos variada) ya no es la misma.

Aumento del tiempo de juego
El tiempo dedicado a jugar suele ser mayor en cautiverio que en la naturaleza. Esto se debe a la ausencia de depredadores y la abundancia de alimento. Los adultos particularmente parecen jugar más. Este desarrollo es a priori bastante beneficioso ya que esto les permite mantenerse activos y en forma. Sin embargo, uno puede preguntarse si esto no es un regreso a un estado infantil.

Frecuentes comportamientos agonistas
Los comportamientos agonistas naturales están bastante ritualizados, pero no son siempre correctamente expresados en el cautiverio. El encierro ocasiona promiscuidad (debido a la continua estimulación) y competencias (por el territorio, comida…), así como la organización del espacio y el aburrimiento, factores que promueven la agresividad.
Los trastornos inducidos en los grupos sociales por los humanos (como transferencias de animales o la introducción de animales poco socializados) también perturban el equilibrio social y aumentan estas conductas violentas. 


Efectos en el desarrollo del comportamiento

Durante el desarrollo juvenil, hay períodos sensibles en los que el entorno tiene una fuerte influencia y es fundamental para el futuro del individuo (interacciones sociales, preferencias de objetos, capacidad de adaptación…). Sin embargo, las condiciones de cautividad no siempre permiten optimizar estos períodos críticos del desarrollo. 
– La experiencia prenatal tiene un impacto en el desarrollo: está comprobado que si la madre tuvo estrés durante la gestación (común en cautividad), hay un impacto real en la cría (problemas de adaptación a un nuevo entorno, alteración del comportamiento exploratorio).
– El aislamiento social completo, y en especial la privación materna, durante los primeros meses de vida, tiene consecuencias importantes (fase de desarrollo social temprano) en el desarrollo normal de la regulación emocional, las interacciones sociales y los comportamientos complejos (en particular el comportamiento sexual y el instinto maternal). Aquí podemos citar el ejemplo de macacos Rhesus hembras criadas que evitaban a sus hijos e incluso mostraban hiperagresividad hacia ellos (Harlow et al, 1966). Muchas de estas situaciones se pueden evitar con un contacto limitado con sus congéneres durante el desarrollo temprano.
– Uno de los factores específicos del cautiverio es la presencia humana y la tendencia a la domesticación resultante (Hediger, 1964: “mostrando una tendencia a no huir en presencia del hombre”). Esto puede tener efectos interesantes, como facilitar contactos y manipulaciones posteriores. Se ha observado una mejora en las habilidades de aprendizaje en primates manejados temprano. Pero estas interacciones no deben perjudicar las relaciones intraespecíficas y en particular la relación madre-hijo.
– Siendo el ambiente de cautiverio a menudo mucho menos complejo que el ambiente salvaje, los primates jóvenes son menos estimulados a lo largo de su desarrollo y presentan en la edad adulta menores capacidades de entrenamiento y adaptación, ya que el desarrollo del cerebro depende de la estimulación ambiental recibida durante esta fase.
– La falta de control ambiental es un problema real. El propósito principal de los comportamientos animales es controlar el nivel de estimulación. En la naturaleza, el animal se adapta a las condiciones (se acerca, se escapa; se va a la sombra si hace demasiado calor; busca comida si tiene hambre). En cautiverio, esta adaptación no siempre es posible (comida en horarios fijos, temperatura acondicionada, etc.). Esto puede llevar al desarrollo de comportamientos para tener la impresión de ejercer control, incluso ilusorio. Estos comportamientos suelen ser anormales (automutilación, agresividad) y están vinculados a la redirección de la actividad.


Trastornos del comportamiento en cautiverio

Ante estas inadecuadas condiciones de vida, los primates tratan de adaptarse para lograr un cierto equilibrio psicológico. Pero si son capaces de cambiar su repertorio conductual, ciertas condiciones les llevan a transformar sus hábitos hasta que desarrollan comportamientos anormalmente exagerados o anormales.
Los comportamientos anormales son acciones emocionales persistentes, indeseables, en un pequeño número de individuos, generalizadas y no relacionadas con trastornos neurológicos. También pueden definirse como cambios marcados en relación con el comportamiento básico y en presencia de factores etiológicos (frustración, conflicto, etc.). Estos comportamientos, que pueden afectar la integridad física del individuo, parecen inseparables de la noción de sufrimiento por su fuerte carga emocional.
Los comportamientos anormales exhibidos por los monos se asemejan a las anomalías conductuales observadas en humanos internados que viven en ambientes restringidos y empobrecidos y se aproximan a las reacciones del autismo o la esquizofrenia.
Muchas de las perturbaciones que exhiben los monos enjaulados están destinadas a liberar su aburrimiento y privación sensorial y poder ejercer cierto grado de control sobre su entorno. Se observan dos tipos principales de comportamiento patológico: actos motrices estereotipados y cambios en el comportamiento general.


Cambios en el comportamiento general

Se han observado varios tipos de cambios de comportamiento:
– Cambios en la actividad y actitud generales: Hiperactividad (de una cría recién separada de su madre por ejemplo), depresión, agitación, pasividad hacia la novedad (generalmente secundaria al aislamiento social), reducción de la actividad y la exploración. 
– Desviación del comportamiento social: Agresividad, falta de relación con el grupo, falta de interés en los intercambios, hiperagresividad, miedo excesivo, poco juego o acicalamiento, etc.
– Desviaciones del comportamiento sexual: Animal incapaz de realizar la posición copuladora propia de su especie.
– Comportamientos maternos anormales: Las madres llevan mal a sus hijos, no se preocupan cuando su bebé llora, les hacen daño y, a veces, incluso llegan a matarlos. 
– Anomalías en la conducta alimentaria: Pica (ingestión de artículos no alimentarios), polidipsia (ingestión de grandes cantidades de agua), polifagia (ingestión de grandes cantidades de alimentos), coprofagia (ingestión de excrementos), copromanía (manipulación excesiva de excrementos), urodipsia (ingestión de orina), mericismo (regurgitaciones y reingestas) observado anteriormente en gorilas.
Les besoins naturels des Primates Non Humains
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